La salida de Johan Steed Ortiz del cargo de gobernador Rodrigo Villalba marca un nuevo capítulo en la dinámica política del Huila. Desde el pasado 1 de diciembre, Ortiz dejó de apoyar al Gabinete tras presentar su carta de renuncia, decisión que, según él, responde a la necesidad de estar «libre de obligaciones» y sin restricciones para expresar críticas directas a las decisiones de la administración.
La decisión no es del todo sorprendente. Desde que interpuso una demanda contra un préstamo de 28 mil millones destinado a la remodelación del estadio Guillermo Plazas Alcid, su presencia en el ambiente administrativo se volvió incómoda. Sectores cercanos a la empresa admiten que su personería jurídica generó tensiones internas y un distanciamiento que había ido creciendo con el paso de los meses.
Libertad para preguntar
Hoy, sin cargo y sin vínculos administrativos, Ortiz dice haber recuperado lo que más buscaba: la independencia total. Con tiempo libre y sin lo que él llama «vínculos institucionales», planea fortalecer su papel como voz crítica y vigilante de la acción gubernamental, centrándose en ser un canal directo para las preocupaciones de los ciudadanos.
El ex ministro insiste en que su prioridad será generar un debate muy necesario sobre las políticas del departamento, particularmente sobre las cuestiones de inversión pública y transparencia. Su dimisión, más que su jubilación, se perfila como el inicio de una etapa en la que prevé alzar la voz con más firmeza.
Por lo tanto, la arena política de los departamentos está esperando ver cuál será el impacto de este nuevo oponente desenfrenado.
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