No hay “epidemia” de ególatras, sino abuso de la psicología – Noticias ultima hora

Hace décadas, el término narcisismo rara vez aparecía en un manual clínico o consulta psiquiátrica. Hoy en día, todo lo que tienes que hacer es abrir TikTok para encontrar un ejército de autoproclamados expertos que ofrecen consejos sobre cómo detectar a un narcisista basándose en pistas tan vagas como una «mirada muerta» al maquillarse o una advertencia sobre la «agresividad pasiva».

Vivimos en la era del diagnóstico en el sofá. «Últimamente, ‘ser narcisista’ es una de las palabras más utilizadas en las redes sociales y en las conversaciones entre amigos». Sandro Espinosa lo confirma en una entrevista para Psicóloga especialista en terapia. emoción Y trauma. Sin embargo, lo que ahora utilizamos como insulto de moda para describir a una “mala persona” o a un “exnovio egoísta” está en realidad lejos de su significado clínico original.

Según Espinosa, en la psicoterapia clásica la palabra narcisismo no hace referencia a nada negativo. en sí. “Se refiere al valor que le damos a nuestra propia imagen”, una especie de autoconcepto que vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida. Virgilio Zeigler Hill, Profesor citado por New York TimesÉl está de acuerdo: el término se ha convertido en un “común para una amplia gama de comportamientos desagradables o frustrantes” y ha perdido su matiz científico.

La era del “meme” psicológico

El salto de la cultura clínica a la pop tiene un precio. Para Sandro Espinosa, la popularización de estos términos hizo que se distorsionaran hasta perder su connotación psicológica y convertirse en “un meme o una etiqueta moral”.

El fenómeno es tentador. Como explica el psicólogo, utilizamos el término “narcisista“para definir “alguien que me lastimó y no supo amarme”. Esto proporciona alivio inmediato a la presunta víctima. Sara Pallarés, psicóloga del Instituto Enric Corbera citado por la vanguardiaAdvierte que “parece estar de moda” aplicar este tipo de etiquetas. “Todo el mundo tiene una pareja narcisista, un padre narcisista… Todos lo utilizan para justificar sus traumas actuales”, afirma Pallarés, advirtiendo que esta postura esconde muchas veces una falta de coraje para resolver sus propios problemas.

El peligro de este autodiagnóstico masivo es doble. Por un lado, Espinosa alerta contra los “falsos positivos”: creer que alguien tiene un trastorno basándose en un vídeo de 60 segundos. Por otro lado, la realidad estadística es tozuda: el trastorno de personalidad narcisista (TNP) es raro. Según información de Clínica Mayo, Se estima que sólo entre el 1 y el 2% de la población adulta se ve afectada. Sin embargo, en las redes sociales parece que estamos rodeados.

Entonces, ¿por qué estamos tan obsesionados con etiquetar a los demás como monstruos enfermos? Según los expertos, la respuesta tiene más que ver con nosotros que con ellos. “Ver el mundo en blanco y negro siempre nos dará alivio y sensación de control”, explica Sandro Espinosa. Al etiquetar a la otra persona como narcisista, convertimos una relación compleja en «una simple historia de un villano y una víctima».

Esta simplificación tiene una función psicológica muy fuerte: la completa inocencia moral. Espinosa explica que si la otra persona está “enferma” o es un “monstruo”, “no tengo que examinar la dinámica de mi relación”. Me limpia de culpa y convierte a la otra persona en agresor para que pueda “seguir adelante en el mundo sin tener que hacer una sana autocrítica”.

La psicóloga Sara Pallarés plantea a quienes se refugian en esta etiqueta una pregunta incómoda: «Oye, ¿qué tenéis que ver con esto? ¿Qué responsabilidad tenéis?». Según Pallarés, al culpar únicamente al perfil narcisista, la persona pierde la oportunidad de sanar y comprender por qué terminó en esta situación.

Además, existe un fenómeno de identificación masiva. Espinosa alude a esto efecto anterior (el mismo principio que nos hace creer en los horóscopos): Cualquier descripción vaga y cargada de emociones de ser una “víctima de un narcisista” nos atrae porque nos ofrece una narrativa en la que somos moralmente inocentes y merecemos atención.

Ser un “pendejo” no es lo mismo que tener un trastorno.

Es importante distinguir entre un mal carácter y una patología. Sandro Espinosa ofrece una clave de diferenciación: intensidad, frecuencia y duración. “Todos podemos ser egoístas, crueles, inmaduros en algún momento y no tenemos ningún trastorno”, aclara.

El psicólogo utiliza una metáfora visual para describir la verdadera estructura de un trastorno narcisista: imagine una escultura de vidrio. Desde fuera, la imagen parece pomposa, arrogante y carismática. Pero «dentro de ese personaje, en el fondo, veríamos a un niño que se tapa los ojos o los oídos con las manos, que se siente avergonzado, que se siente humillado». La grandiosidad es sólo una máscara compensatoria para encubrir un dolor insoportable.

En el informe de New York Times Explican que no todos los narcisistas lo son Son iguales. Hay subtipos como narcisista grandioso (seguro, en busca de estatus), el narcisista vulnerable (hipersensible, ansioso, defensivo) y antagonista (competitivo y hostil).

Un punto clave, sin embargo, es la empatía. Mientras las redes afirman carecer de esto, se menciona el concepto de “empatía tipo Splenda”: ​​una empatía artificial o instrumental. Espinosa coincide y aclara que la consejería debe distinguir entre si la persona realmente siente el dolor del otro o si está utilizando la empatía instrumentalmente «al servicio de su necesidad de ser querido».

Además en Catálogo de pensamientos Mencione tácticas específicas B. “Inducción de celos”, en la que estos perfiles provocan específicamente celos para ganar poder y control sobre la pareja. Espinosa añade que las personas con este trastorno en realidad tienden a ser «muy envidiosas» y que esa envidia surge de un «enfado defensivo».

Lejos de demonizar el espectro, los expertos abogan por humanizarlo. «El narcisismo es siempre una dimensión. Todos tenemos rasgos narcisistas», recuerda Espinosa. Todos necesitamos que nos miren y reconozcan a veces.

Incluso aquellos con el diagnóstico sufren. En un informe de Eldiario.es Recogen declaraciones de personas que han sido diagnosticadas quienes describen la enfermedad como vivir en un mundo ilusorio para protegerse de experimentar “lo peor”. El estigma es tan grande que muchos ocultan su diagnóstico por miedo a ser vistos como perpetradores, aunque a menudo son personas vulnerables que necesitan ayuda para lidiar con sus emociones.

Del portal médico Clínica Mayo Destacan que detrás de esta máscara Extremadamente confiable, hay extrema fragilidad ante la más mínima crítica. Espinosa añade que a estas personas les resulta muy difícil hacer una auténtica autocrítica porque les provoca «conectar rápidamente con sus sentimientos de profunda inferioridad y luego huir de allí».

La realidad detrás de los dogmas virales

Frente a la narrativa catastrófica de las redes sociales, la ciencia y la experiencia clínica ofrecen una visión mucho más matizada y esperanzadora, negando la idea de que estemos ante monstruos inmutables o una plaga generacional.

Uno de los mensajes más repetidos y dañinos en línea es que el narcisista «nunca cambia». Sandro Espinosa es tajante: «Eso no es cierto. El trastorno narcisista de la personalidad puede cambiar y también puede reaparecer». Esta afirmación clínica está respaldada por investigaciones académicas. Un metaanálisis publicado en el Boletín Psicológicoexaminó datos de más de 37.000 participantes, concluyó que el narcisismo disminuye normativamente a lo largo de la vida, desde los 8 hasta los 77 años. Es decir, la tendencia natural de los humanos es volverse menos narcisistas a medida que maduran.

Tampoco es cierto que estemos experimentando una “epidemia de narcisismo” sin precedentes, alimentada por una juventud supuestamente ególatra. A pesar de la preocupación social, un extenso estudio citado por PsiqueEl estudio, que analizó a más de 500.000 personas, no encontró evidencia de que los jóvenes de hoy sean más narcisistas que los de generaciones anteriores. De hecho, los datos sugieren que el comportamiento antisocial ha disminuido y el comportamiento prosocial ha aumentado. Sandro Espinosa añade que las redes sociales y la cultura de Cómo Nos proporcionan “parches emocionales” y una perspectiva de validación en la que podemos buscar refugio. No eres una fábrica que crea el desorden en sí; Esto tiene raíces mucho más profundas en el temperamento y la educación.

En última instancia, la obsesión por diagnosticar a los demás nos distrae del trabajo personal real. La curación no se trata de señalar con el dedo, sino de mirarse a uno mismo y a la naturaleza humana con mucha más valentía.

Para el experto, el verdadero cambio ocurre cuando ya no necesitamos esta mascarilla. “No tengo que crecer para dejar de ser inadecuado, pero me basta con lo que soy”. concluye Espinosay nos recuerda que el objetivo final tanto para quienes padecen el trastorno como para quienes viven con él es construir una identidad basada en el afecto en lugar de una actitud defensiva constante.

Imagen | freepik

| Siempre habíamos pensado que sólo los humanos teníamos imaginación. Hasta que descubrimos al mono que “bebe café”

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