¿Importa el campo cuando crece una papa? – ADICIONAL – Noticias ultima hora

columna de opinión

A veces parece que los que vivimos en la ciudad sólo recordamos que el campo existe cuando vamos al mercado y vemos que las patatas o los plátanos son «altos». Allí clamamos al cielo, nos quejamos del gobierno y del destino, pero olvidamos que detrás de cada parcela hay un campesino montado en un camello, cabalgando desde el amanecer hasta el anochecer, muchas veces perdido.

Es increíble que en un país tan rico como el nuestro, donde la tierra lo proporciona todo, la agricultura siga siendo el «patito feo» de la economía. Nos hemos acostumbrado a importar alimentos que podríamos sembrar aquí, mientras el joven de la acera prefiere ir a la ciudad porque sabe que allí no vale la pena sudar. Nos estamos quedando sin relevo generacional y esto, más que un dato estadístico, es una bomba de tiempo.

Lo que más duele es la falta de infraestructura: es difícil ver que las cosechas se pierdan porque no hay una forma decente de sacarlas, o porque los intermediarios se quedan con toda la inversión, dejando al productor las migajas. No es sólo una cuestión de subsidios, es una cuestión de dignidad y de entender que sin campos no hay ciudad que sobreviva.

Necesitamos dejar de ver el campo como un bonito paisaje para fotos de vacaciones y empezar a verlo como el verdadero alma de Colombia. Valorar lo nuestro no es sólo un eslogan de campaña; Es comprar directamente al fabricante, exigir auténticas carreteras de tercera y devolver el respeto a la ruana y al sombrero.

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