La reciente escalada entre Israel e Irán ha encendido la alarma internacional tras alcanzar uno de los puntos más sensibles del sistema energético global: el mayor yacimiento de gas natural del mundo, compartido con Qatar.
El motivo fue el ataque israelí a South Pars, la parte iraní de este gigantesco yacimiento de gas situado en el Golfo Pérsico. La respuesta de Teherán fue inmediata: los cohetes impactaron en el complejo industrial Ras Laffan en territorio qatarí, una instalación clave de procesamiento y exportación de gas natural licuado (GNL).
Este intercambio de ataques es un punto crítico no sólo por su dimensión militar, sino también por el riesgo que supone para la seguridad energética global. South Pars en Irán y la llamada Cúpula Norte en Qatar forman el mismo embalse submarino, considerado el más grande del mundo. Cualquier daño significativo en esta área tiene consecuencias inmediatas para el suministro global.
En medio de la tensión, el presidente estadounidense, Donald Trump, lanzó una fuerte advertencia: si Irán ataca las instalaciones energéticas de Qatar, Washington podría responder con la destrucción total de infraestructura clave en el sector gasista iraní. Sus declaraciones aumentan además el riesgo de una confrontación directa a mayor escala.
Las consecuencias ya se están sintiendo en los mercados. Tras el ataque a Ras Laffan, los precios del gas en Europa aumentaron casi un 25%, alcanzando niveles no vistos en más de tres años. Este repunte refleja la fragilidad de la combinación energética mundial, especialmente en un contexto en el que Europa depende en gran medida del GNL de Qatar.
Más allá de su impacto directo, este episodio pone de relieve un problema estructural: la concentración de recursos energéticos estratégicos en regiones geopolíticamente inestables. El Golfo Pérsico, crucial para el suministro global, se está convirtiendo una vez más en una fuente de incertidumbre que puede provocar un efecto en cadena en la economía global.
Si la escalada continúa, no sólo aumentará la volatilidad de los precios, sino que también podría amenazar rutas clave de transporte de energía, aumentando el riesgo de una crisis internacional más amplia.
22