En un hecho sin precedentes, los 11 territorios indígenas de la ORIPAP (Organización de Reservas Indígenas Awá del Pacífico) se han embarcado en un proceso histórico de transformación productiva basado en la erradicación voluntaria de cultivos ilícitos y la construcción de una economía legal centrada en la sociedad y la comunidad.
Compromiso
Autoridades departamentales y del Gobierno Nacional arribaron a la reserva indígena de El Remanso, caserío de la ciudad de Llorente en Tumaco, donde oficialmente inició la erradicación voluntaria de 198 hectáreas de cultivos de coca.
Esto es parte de las 2.800 hectáreas que están siendo devueltas a campesinos e indígenas, confirmando el compromiso del gobierno departamental de cumplir su palabra y tender la mano a territorios históricamente excluidos.
Este avance es resultado del trabajo interinstitucional entre el Gobierno Nacional, la Gobernación Departamental, la Agencia Nacional de Tierras y las comunidades indígenas Awá quienes han manifestado una decisión colectiva de transformar sus territorios.
Futuro
“Para nosotros, como autoridades indígenas, ser dueños de la tierra significa vida, autonomía y futuro. Hoy demostramos que queremos cuidar el territorio y dejar un legado diferente a nuestros hijos”, dijo William Alberto García, gobernador de la reserva indígena Piguambí Palangala.
La transformación productiva incluye cultivos como yuca, plátano, cacao, palma, aguacate y ganadería, aprovechando la fertilidad del suelo y el apoyo institucional para asegurar el desarrollo y la comercialización sostenibles.
Para la comunidad Awá, este proceso significa una implicación directa en el futuro de las nuevas generaciones. “Estamos pensando en nuestros jóvenes para que no tengan que repetir la historia de violencia ni volverse dependientes de la economía ilegal”, dijo Sandra Zúñiga, representante de mujeres de la organización local ORIPAP.
La Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), que participa activamente en el proceso de erradicación y formalización de la propiedad, enfatizó la importancia de garantizar la seguridad territorial y el apoyo continuo a las comunidades.
«La tierra en manos de los pueblos indígenas es garantía de paz, protección del territorio y supervivencia cultural. Esto demuestra que es posible construir soluciones a través del diálogo y el respeto», afirmó William Guanga, coordinador de la Guardia Indígena de la ONIC.
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