Lunes, 26 de enero de 2026 Mientras Estados Unidos avanza con Artemisa, China está desarrollando su propio programa lunar como parte de una estrategia a largo plazo para establecerse como una potencia espacial. Su creciente presencia en la exploración lunar en los últimos años lo convierte en un contrapeso político clave.
«China ha planificado su propia estación de investigación lunar, la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), con el objetivo de eventualmente establecer una base permanente en la Luna», afirma el experto Gustavo Medina Tanco, quien añade que, a diferencia de Estados Unidos, su estrategia no está orientada hacia Marte, sino hacia una presencia permanente en el entorno lunar.
Si bien es un proyecto más cerrado, con fuerte liderazgo estatal y menor presencia de la iniciativa privada, ha acumulado logros que reflejan la solidez del programa. Destaca la campaña Chang’e, que entre 2007 y 2020 envió misiones más allá de la órbita terrestre para cartografiar la Luna y estudiar su superficie. Los aspectos más destacados incluyen el aterrizaje de Chang’e 4, en la cara oculta de la Luna, y Chang’e 5, que trajo muestras lunares a la Tierra.
Las misiones Chang’e 6, 7 y 8 están en marcha, dirigidas a la cara oculta de la Luna y a los polos lunares, especialmente el polo sur, para confirmar la presencia de agua y otros volátiles, probar tecnologías para el uso de recursos lunares y probar sistemas que permitan una base científica permanente.
«El interés de China se concentra en determinadas zonas, especialmente los polos, que son más valiosas desde el punto de vista científico y estratégico porque hay agua, regiones en permanente sombra y otros materiales volátiles de gran importancia», añade el experto.
Al igual que Estados Unidos con los Acuerdos de Artemisa, China ha seguido su progreso tecnológico a través de una red de acuerdos internacionales, aunque con menos transparencia pública sobre los postulados que establece y los países firmantes.
«Hay una carrera hacia los polos de la Luna, donde la cuestión central es quién podrá llegar primero», advierte Medina Tanco, en un contexto en el que la comunidad científica no descarta que China pueda llegar antes que Estados Unidos.