Colombia se consolida como uno de los actores estratégicos en el mercado mundial de flores, ocupando el segundo lugar a nivel mundial en exportaciones, sólo detrás de Países Bajos. Según un nuevo estudio, “Valor de utilidad estratégico: analizando el futuro de la industria floral (20252030)” de Lucía Somalo y Claudia Núñez, expertas de OBS Business School, el país exporta flores por valor de 1.700 millones de dólares, muy por delante de otros grandes productores de América Latina como Ecuador ($927,3 millones) y líderes africanos como Kenia ($725,5 millones) y Etiopía (254,5 millones). Estos resultados confirman la importancia estructural de Colombia en una industria altamente internacionalizada y dependiente del comercio exterior.
El informe, a su vez, destacó que el mercado mundial de flores cortadas ha alcanzado proporciones históricas. A principios de 2025, vale entre $31.000 y $39.000 millones a nivel mundial, consolidándose como uno de los segmentos del sector agrícola más intensivos en mano de obra (Global Marketing Insights, 2025). En este contexto, Colombia no solo se mantiene como el segundo exportador de flores del mundo, sino que según Asocolflores (2025), como uno de los principales impulsores del empleo en este sector, la floricultura genera 240.000 empleos formales al año en el país, cifra que resalta su impacto económico y social.
Sin embargo, como advierte el estudio de OBS, un aumento del volumen de negocio no siempre se traduce en una mejora proporcional de los márgenes para todos los participantes de la red. “El desafío para el sector hoy no es producir más productos, sino capturar más valor en un mercado que está cada vez más presionado por los costos logísticos, los requisitos regulatorios y los cambios en el consumo”. – señalan Lucía Somalo y Claudia Núñez, las autoras del informe. Esta tensión es especialmente evidente en un mercado donde las flores son un producto perecedero y dependen de una logística precisa y rápida.
Desde el punto de vista productivo, Colombia supo destacarse en el segmento premium. La rosa alpina, cultivada a más de 2.500 metros de altitud, se ha convertido en un estándar internacional de lujo gracias a su tamaño, color y durabilidad, difíciles de replicar en Europa. Paralelamente, el clavel colombiano ha experimentado una transformación estratégica, pasando de ser percibido como un producto básico a posicionarse a través del diseño, la calidad y la diversificación de aplicaciones como uno de los productos más utilizados en Europa. “América Latina ya no compite sólo en tamaño, hoy compite en narrativa, diseño e integridad del producto”, enfatizan Somalo y Núñez.
Uno de los pilares de esta evolución es la trazabilidad y la sostenibilidad, requisitos comunes tanto al mercado europeo como al global. Colombia cuenta con uno de los sistemas de certificación social y ambiental más antiguos y exigentes del mundo, liderado por el sello Florverde Flores Sostenibles. Esta norma no sólo garantiza condiciones y prácticas de trabajo responsables, sino que también promueve el uso de control biológico para reducir el uso de pesticidas, en línea con la creciente demanda del consumidor consciente. Como dicen los autores: “La floristería colombiana ha dejado de ser un proveedor de materias primas para convertirse en un núcleo de innovaciones ambientales y sociales”.
A este liderazgo se suma la transformación estratégica del modelo exportador. A diferencia de otros países que se enfocan en el envío de flores sueltas, Colombia se destaca por exportar ramos confeccionados, diseñados desde cero y listos para ser entregados al consumidor final. Con este enfoque, una rosa colombiana puede cruzar el Atlántico en menos de 72 horas, reduciendo costos logísticos y optimizando la última milla, factor clave en un mercado cada vez más orientado a la eficiencia. Iniciativas como Flores de Colombia – Diversidad que Inspiran, impulsada por Asocolflores desde 2017, también refuerzan el fuerte componente de marca nacional, asociando las flores colombianas con diversidad, calidad y sostenibilidad (Revista P&M, 2025).
Los cambios en los hábitos de consumo fortalecen esta estrategia. Según Euromonitor, el 38% del consumo de flores en los centros urbanos europeos ya está relacionado con compras de cuidado personal más que con regalos. Una flor ya no es un lujo ocasional, sino un elemento cotidiano de bienestar. Este fenómeno afecta también al público masculino, las ventas de flores y plantas de interior dirigidas a hombres aumentaron un 22% el año pasado, y el 45% de los hombres solteros de 20 a 35 años en ciudades como Madrid, Londres y Nueva York compran flores frescas para el hogar al menos una vez al mes (Garden Media Group, 2024).
En este escenario, Colombia aparece no sólo como la despensa de flores del mundo, sino como uno de los territorios donde se toman decisiones estratégicas respecto al futuro de la industria. “El verdadero liderazgo de la industria ya no se mide sólo por las exportaciones, sino por la capacidad de equilibrar fortaleza industrial, sostenibilidad, diseño y valor social”, concluyen Lucía Somalo y Claudia Núñez. Una posición que coloca al país en el centro de una transformación global que redefine lo que significa competir y liderar en el mercado de las flores en 2026.
25